Para empezar, quiero hacer referencia a una frase de
Jaume Carbonell (2006) que sintetiza el contenido de mi reflexión a la
perfección “La escuela está en crisis. En realidad, siempre lo ha estado”.
El problema está en la concepción que tenemos de la
escuela, ¿cuántas personas relacionan la escuela con aprender a leer, escribir,
contar y recibir contenidos sin sentido?
Ahí está el verdadero problema, no nos hemos dado cuenta de que la
sociedad está en un continuo cambio y que la escuela no se ha enlazado en esos
cambios. Seguimos con una escuela en la que los niños aprenden como se aprendía
en la era industrial. ¿Por qué? Es obvio que hay una necesidad de cambio e
innovación, pero deberíamos empezar a innovar en nuestro propio pensamiento
respecto al ámbito educativo y reflexionar por qué hay tanto fracaso escolar,
por qué los niños no aprenden o se les olvidan las cosas, por qué enseñar de
una forma que no concuerda con lo que se van a encontrar a lo largo de su vida.
Entramos en los contenidos y en la manera de
enseñarlos. Nos empeñamos en dar contenido sin sentido, sin que les interese a
los alumnos, nada más que por el hecho de que están ahí, en los libros, y el
niño tiene que aprenderlo. Seguimos en un sin sentido. Nos encontramos un claro
ejemplo en los problemas de matemáticas, dónde los niños leen cosas que no
tienen nada que ver con ellos. “Luis tiene 5 cromos y María tiene 7 más que él,
¿cuántos cromos tiene María?” y aquí viene la mejor pregunta después de un
problema: “seño, ¿este que es de restar o de sumar?” y le contestas y el niño
sabe que tiene que hacer una suma y que el problema, si no se equivoca al
sumar, estará bien. ¿El niño sabe para qué ha sumado? ¿Sabe de qué estaba
hablando el problema? Lo aprende, matemáticamente y cuando vea un problema
similar, quizá será capaz de hacer una suma sin preguntar, pero no lo está
relacionando con su realidad. En ese aspecto, ¿no es necesaria la innovación? “La
innovación facilita la adquisición del conocimiento, pero también la
comprensión de lo que le da sentido al conocimiento” Jaume Carbonell (2006).
Ese es sólo un ejemplo de todo lo que se aprende en
la escuela sin sentido alguno. Entonces, respondiendo a la pregunta ¿qué
escuela queremos para la sociedad en que vivimos? Una escuela que sea capaz de hacer un
aprendizaje significativo, de contenidos y conceptos útiles para los alumnos,
que les haga crecer tanto intelectualmente como personalmente, que cree
personas capaces de enfrentarse a cualquier situación, de ser críticos y
solidarios con los demás. Que haga que los alumnos tengan interés por saber,
motivación por aprender sobre cosas que les interesa, que sepan colaborar con
los demás y aprender entre ellos compartiendo experiencias y vivencias que les haga
reflexionar, siendo respetuosos tanto con sus iguales como con el resto de los
ciudadanos. Unos alumnos dispuestos a cambiar el modo de aprender, a crear una
generación que ha aprendido realmente cosas en la escuela y que no tienen que
memorizar para olvidar después.
Sobre la FORMACIÓN DEL PROFESOR, la respuesta a si
se puede ser profesor antes de ser profesor, la respuesta es un rotundo NO. Es
cierto, que los profesores deben formarse y adquirir el título de maestro,
donde hay una falsa creencia de que te enseñan a ser maestro, cuando la
realidad es otra. Te pueden enseñar contenidos y conceptos relacionados con la
educación, las diferentes teorías que hay sobre el aprendizaje, métodos de
enseñanza tanto antiguos como nuevos, te pueden contar experiencias, darte
pautas sobre cómo actuar y mil cosas más relacionadas con la labor de un
docente y con el ámbito de la educación en general, pero cuando aprendes a ser
profesor es cuando te enfrentas a una clase, cuando ves los problemas reales
que hay en un aula, cuando hay tantos alumnos diferentes, con intereses
diferentes y vidas diferentes que les hace tener inquietudes personales que tú
debes tener en cuenta a la hora de interactuar con ellos. Te pueden mostrar
clases idílicas o por el contrario clases imposibles de llevar, pero cada clase
tiene sus particularidades al igual que los alumnos que la componen y sólo en
ese momento, cuando un docente se enfrenta por primera vez a una clase, este
empezará a saber ser profesor con ayuda de la teoría, de sus experiencias
personales, de conceptos nuevos, de información que ya tenía o que ha tenido
que buscar, con ayuda de sus compañeros y con la ayuda, por qué no, de sus
alumnos, esté empezará a ser profesor, a vivir la educación desde dentro y a
tener que desenvolverse en las situaciones que se le presenten de la manera más
correcta y positiva que le sea posible.
Uno de
los responsables de la crisis (continua) por la que está pasando la escuela es el
CONTENIDO. Volvemos un poco al hecho de innovar en la escuela y es que esto
está muy relacionado. Necesitamos innovar en el contenido que se imparten en
las clases y aquí nos encontramos con el problema de que es más importante que
aprendan ¿contenidos o valores? Y en el caso de los contenidos, ¿somos conscientes
de que los alumnos memorizan y luego olvidan?
Teniendo
en cuenta de que uno de los objetivos principales de la educación en la escuela
es formar ciudadanos, respetuosos, críticos, capaces… ¿qué papel tiene aquí
saber cuál es el complemento directo en una oración? ¿Es necesario que los
niños aprendan contenidos sin sentido que luego no van a volver a utilizar en
su vida? Realmente, esto es un tema criticado y que muy a mi pesar algunos
padres de alumnos a día de hoy considera más importante que el niño sepa el
nombre de todos los ríos de España, a que aprenda a ser solidario con los demás
(por ejemplo). También es cierto que los que nos queremos dedicar a la docencia
y los que tienen la suerte de ejercer como docente en la actualidad, nos vemos
en la tesitura de tener en cuenta la ley de educación y lo que hay sobre los
contenidos en ella. En el curriculum hay unos contenidos que dar “obligatorios”,
unos objetivos conceptuales que alcanzar y un tiempo muy limitado para poder
enseñar todo lo que se pretende. Y ahí está el dilema, darle más prioridad a
los valores y a las competencias, o a los contenidos que supuestamente tienen
que aprender aún siendo conscientes de que la mayoría de ellos ni les interesa
a los alumnos ni les será útil en el resto de sus vidas.
Y aquí
entran las conocidas por escuelas alternativas, y en concreto la escuela de Pestalozzi,
una escuela dónde los alumnos no están divididos en aulas, dónde el aprendizaje
lo dirigen ellos según sus intereses, donde aprenden a su ritmo sin objetivos
que cumplir en determinadas edades, donde aprenden con niños de otras edades y
ellos deciden que hacer en cada momento. Aprenden de una manera muy diferente a
la clásica y conocida por todos que es la de un profesor frente a la clase
soltando el contenido como si los alumnos tuvieran un caza mariposas con los
que atraparlo, sin trabajarlos ni nada, sin saber si interesa o no y sin
demostrar su utilidad. Esta es una
escuela real, la que hace que los alumnos tengan un aprendizaje significativo,
donde aprenden en escenarios reales, en la naturaleza, aprenden con los demás,
manipulando cosas reales, colaborando y cooperando con los demás y necesitando
a los profesores sólo cómo simples guías, o adultos que los acompañan por si
necesitan una explicación o por si hay algún problema con alguno de los
alumnos. Aprenden a equivocarse ellos solos, buscan soluciones, investigan,
experimentan…
En
pocas palabras una escuela que sabe cómo hacer que los niños aprendan, que
enseñan lo esencial y lo importante para ellos y los forma como ciudadanos
capaces de todo. Una escuela innovadora, original y que rompe con los errores
de nuestra escuela actual.
Siguiendo
con el tema de innovación, nos encontramos con las TIC, cosa que relacionamos con la innovación y no nos damos cuenta
de que estamos realmente equivocados cuando pensamos que por utilizar
ordenadores en clase, o pizarras digitales estamos innovando. Innovar en
educación no quiere decir utilizar nuevas tecnologías, un profesor puede
utilizar los ordenadores para proporcionarles los contenidos a sus alumnos y
seguir dando clases de la misma manera, haciendo exámenes de memorización de la
misma manera y sin lograr que la educación mejore por el simple hecho de tener
un ordenador en clase para cada niño.
Las TIC
por si solas no innovan, el que innova es el profesor y el cómo utilice las TIC
para el aprendizaje de los niños. De hecho, ni siquiera son necesarias para
innovar en clase, es cierto que hoy en día la tecnología forma parte de
nosotros y cada vez más, pero no son necesarias para innovar en educación,
pueden ayudar pero no son un instrumento clave para ello.
Por
último, a la pregunta de si se puede medir el aprendizaje, en mi opinión si se
puede. Pero es difícil poner una calificación al aprendizaje de cada alumno. Y
ahora, al hablar de calificación cabe hablar de la evaluación y la diferencia
entre estas.
Al hablar de evaluación, todos caemos en el error de relacionarlo
con un examen, o con una calificación numérica. ¿Por qué? estamos acostumbrados
que a lo largo de los años de escolarización, se nos ha "medido" el
aprendizaje mediante un examen que te hacen en un día puntual, a una hora
establecida, sin tener en cuenta las condiciones que nos afectan a cada uno de
nosotros. Además, ¿soltar en el examen lo que has sido capaz de memorizar
varios días antes es considerado aprendizaje?
Como dice Juan Manuel Alvarez "Pero todo, podemos
convenir, forma parte de la ritualización de los hábitos de evaluación, mal
identificada y confundida en este punto con la calificación y con el
instrumento del que con más frecuencia se vale, el examen" (Alvarez
Mendez, 2001). ¿Por qué medir el aprendizaje de una manera tan memoristica?
¿por qué obligar a los alumnos a memorizar algo que no les interesa? ¿es justo
que un alumno examinado haya tenido problemas en casa y no le haya salido bien
el examen por estas razones?
Por otra parte, solemos utilizar la evaluación como un fin y no
como un medio. Se evalúa el aprendizaje que has tenido hasta el día de hoy y
hasta puede ser considerado cómo un castigo para aquellos que han suspendido,
por no haber aprendido lo que debían aprender. Bien, ¿por qué no utilizar la
evaluación como un medio? Si un alumno no aprende nada en una clase, deberíamos
preguntarnos ¿por qué? ¿qué ha pasado para que no haya ese aprendizaje?
A diferencia del examen, la evaluación está llamada a ser parte
del aprendizaje, es parte del aprendizaje más que de la enseñanza. Porque
cuando desde la responsabilidad docente se hace uso de ella, siempre debe ser
realizada con intención de ayuda, de orientación, de mejora, de formación y
nunca de sanción, como ya recogían los documentos de la LGE de 1970(Alvarez
Mendez, 2007).
En mi opinión, no deberíamos basarnos tanto en una evaluación que
al fin y al cabo no es un instrumento por el que se pueda medir un aprendizaje,
¿cómo puedes medir lo que ha aprendido un alumno durante tres meses? ¿cómo
puedes medir los valores y las competencias que se han adquirido mediante un
examen escrito que te marca con unas preguntas de que tienes que hablar y cómo
tienes que hacerlo? Pensándolo bien, un examen es un poco absurdo.
También es verdad que desde el punto de vista de un profesor, que le pidan una
calificación final, un numero para medir el aprendizaje y le digan que
los exámenes no son un método correcto. ¿Cómo afrontan los profesores
este tema? ¿Cómo cambiar la evaluación una vez que los alumnos están
acostumbrados a hacer un examen?
Al fin y al cabo, la evaluación sigue siendo uno de los conceptos
que debería tratarse en la educación como muchos otros, necesitamos cambios que
los que están trabajando como docentes no están dispuestos a hacer. Necesidad
de cambio y falta de competencias y capacidades para hacerlo.
